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miércoles, marzo 21, 2007

Un mini cuento...

Hay cosas que pueden sucedernos y que podemos transformarlas en fantasía siendo realidad.
Dedicado a una persona muy especial para mi (ja-ja, nadie más sabrá, sólo los involucrados, no insistan...).

Me acosté temprano esta vez...

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Toc-toc, tic-tac, tic-tac... nadie llega, nadie aparece.
Esperaba la presencia especial de un ser venido del pasado, mas no es cualquier ser, es real, bueno sí, es de verdad, pero además de la realeza; una princesita, princesita aún para mí; los años pasan, mas ella quedó ahí detenida, como esperando.
Tiempo atrás buscábamos paz y sosiego en algún lugar, hasta que un día, no recuerdo cual, la dejé segura en un jardín de rosas y me fuí a buscar un sitio mejor. Me interné demasiado en el frondoso bosque, mucho, hasta no ver más que sólo troncos y ramas espesas que me detenían. Me perdí. Vagué por años incontables. Seguí perdido. Busqué caminos, senderos, arrollos que me condujeran hasta el, talvez cercano, jardín.
Caminé de noche y dormí de día. En aquel bosque todo me confundía. Todo era oscuro. Días completos sin sol. Hasta que aprendí a trepar y encontrar refugio en las copas... de los árboles.
Descansando en las alturas, desperté una noche creyendo que ya amanecía. Una luz me cegaba un poco. ¿Qué era?... El sol, no, imposible, era aún de noche. La luna entonces. Tampoco, la luna estaba a mi espalda y brillaba definitivamente menos. Me concentro, fijo la mirada hacia el lugar iluminado, me encandilo, fijo nuevamente los ojos trás un restriegue de manos contra ellos... imposible... otra vez las manos sobre los ojos, aún más fuerte... pero, ¡qué veo!, no puede ser. Ante mis ojos, un jardín de rosas, en el prado de un castillo, iluminado simplemente por el brillo de los hermosos ojos de una princecita, de mi princesita. Aún brilla, y brillan esos expresivos ojos verdes.
Salto por las ramas, llego al suelo desde el cielo, corro por el bosque creyendo saber la dirección correcta... no voy a ningún lado, perdido otra vez o talvez para siempre. Sí, para siempre.
Volví a las alturas, sin pensar en perder pie y caer, como siempre lo hacía, ahora marchaba y trepaba seguro de mi mismo, confiando en mis manos, brazos y piernas. Alcancé las cimas frondosas y mullidas. Ahí estaba todavía. La contemplé extasiado hasta el real amanecer. Me vió desde lejos, alzó su brazo, movimiento de despedida, entró a su castillo, quedamos sólo el sol y yo.
La encontré. Me encontró. Cerca, pero lejos. Desde entonces nos vemos a distancia, por las noches, ella en su castillo y yo sobre mis árboles, cerca a nuestros ojos, nos sentimos, casí podemos tocarnos, pero estamos tan lejos en realidad, nos separa un bosque inexpugnable.
¿Qué más se puede hacer?. Nada más que acostumbrarme a esperar las noches para verla llegar e irse, hablarnos con el corazón, contemplarla, contemplarla y contemplarla, cuidarla desde mi frágil estabilidad.
Muchas noches iguales han pasado, iguales pero muy distintas por dentro. Pero hace unos días entró muy pronto en su reino y ayer no vino, no ha vuelto; y no espero a nadie más... me acosté temprano esta vez, pero aún así no pude dormir.

ka.

22:30 Anotado en Rincón literario o algo así | Permalink | Enviar a Email

Comentarios

"una vez el amor de dos nómades duro una lluvia. Cuando se despidieron mojados y vivos, supieron q volverian a amarse en todas las lluvias por venir aunque nunca más volvieran a encontrarse"

tu sabes quien...

Anotado por: princesa | martes, mayo 01, 2007

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